Al leer este enunciado, nadie diría que se trata de un artículo dedicado a la Teología. La verdad es que no lo es, pero quiero recalcar algunos matices sobre la publicidad que algún grupo ateo ha realizado en los autobuses de Gran Bretaña y la contrapublicidad que otro grupo o congregación ha hecho en autobuses de nuestro país, concretamente en Fuenlabrada. Para empezar, salen ganando los ateos, ya que su publicidad está hecha en buses de dos pisos (típicos en el país anglosajón), y tan solo con ese hecho consiguen que sea más visible, lo que no les da mas razón, ya se sabe que no por decirlo mas alto va a ser mas cierto.
El anuncio publicado dice lo mismo que el título de este artículo, solo que sustituyendo al ratón Pérez por Dios. Fijense si alguien nos dijera ¡Pero hombre si el ratón Pérez no existe, para qué te vas a preocupar, disfruta de la vida! Es un poco ridículo. En principio no me voy a decantar porque Dios exista o no, tampoco porque exista el ratón Pérez. No es ahí donde va dirigida mi crítica, sino al final del enunciado.
¿Es que para disfrutar de la vida es imprescindible no creer en Dios? ¿Los que creen en Dios no disfrutan de la vida? ¿Es que todos los que creen en Dios están metidos en un claustro, sin ver la luz del día y sin relacionarse con nadie?.
Yo conozco gente que cree en Dios y se va de cañas, esquía en invierno (cuando hay nieve), en el fin de año se toma las uvas como cualquier semejante y algunos hasta, en alguna ocasión, han soltado mas de una carcajada al escuchar un chiste bueno.
No veo la relación entre ser felíz y la existencia de Dios. Tampoco consigo entender qué gana nadie intentando convencernos, en un caso de que Dios no existe y en el otro de todo lo contrario. Yo sería capaz de afirmar que tanto los que han puesto el primer anuncio como los que han puesto la réplica, deben de disfrutar tan poco en la vida que no encuentran cosas mejores que gastarse el dinero en semejante ridiculez. Si supieran disfrutar de la vida, habrían procurado pagarse, con ese dinero, unas buenas noches de tapeo por Granada donde podrían haber conocido gente maravillosa, palpable, sin dudas existente, con las que poder entablar amistad y conversaciones mucho menos filosóficas pero no menos intensas.
Así que "Dad a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar"
Gasopillo